Este blend de variedad Castillo nace en cultivos ubicados a 1900 metros sobre el nivel del mar, donde el clima frío, la neblina frecuente y el suelo vivo permiten una maduración lenta del grano. Ese tiempo extra en la rama se traduce en una taza más compleja, aromática y equilibrada.
El resultado es un café de perfil sensorial limpio y armonioso, con notas dulces a panela y chocolate, una acidez media brillante y un cuerpo sedoso que permanece en boca. Es un café versátil, ideal tanto para métodos filtrados como para espresso, y perfecto para quienes buscan una experiencia suave pero con carácter.
Su cultivo agroecológico, libre de químicos, respeta el ritmo natural del suelo y del cafetal, lo que no solo protege el entorno sino que permite que el grano exprese con mayor fidelidad las condiciones únicas de su territorio.
Cada taza cuenta la historia de la altura, del clima de montaña y del trabajo cuidadoso del productor local que entiende que el buen café empieza mucho antes de la cosecha.






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